Dentro de la obra podemos observar
los sucesos desde tres puntos de vista alguno más interesante que otro. En mi
caso los dos que más interés me causaron fueron los testimonios de Isabel y el
niño.
El primer narrador es el niño. Que
nos cuenta desde una perspectiva infantil e inocente como transcurre el
funeral. Él no sabe por qué está ahí, solo que está acompañando a su madre.
Es muy interesante este relato pues
el lector puede sentir que forma parte, por la forma en la que se describe el
entorno y los detalles que se dan para poder dar cuenta de quién es el que
habla. frases como: “Entonces me di cuenta que en la cama había un hombre
oscuro, estirado, inmóvil, Entonces hice girar mi cabeza hacia mamá que
permanecía lejana y sería”. Son las que dan estas pistas
Durante el trascurso del velorio se
dedica a observar como trasladan el cadáver, como el rostro no refleja paz sino
rabia hasta que lo ponen dentro del ataúd y como su madre inquieta y distraída
se perdía en sus pensamientos.
Sin conocer al muerto muestra un
simpático interés por él; la forma de su cara, esos raros ojos abiertos, los
extraños objetos que su abuelo el coronel colocaba dentro del ataúd. Hacían que
este escenario fuera completamente distinto de lo que pensaba por “funeral”.
Por otra parte, Isabel, que es el
segundo narrador, la hija del coronel y madre del niño. Nos presenta un relato
con más contenido e información relevante para entender los acontecimientos de
la novela. Como la llegada del médico, los hechos que causaron el rechazo del
pueblo y su posterior suicidio.
Sabemos con antelación los
sentimientos de odio del pueblo hacia el médico y el alivio que sentía con la
llegada de su muerte. Lo que ni el pueblo ni Isabel se imaginaban, era que el coronel
decidiría realizarle un funeral. No por cariño ni amistad, sino por un deber
moral que sentía como ser humano.
Isabel se da cuenta de que el
funeral es un gesto de buen samaritano por parte de su padre hacia el doctor,
que como ya dije era la persona más odiada del pueblo.
Por esto mismo, se avergonzaba de
asistir, cuestionándose a cada momento lo que el pueblo pensaría de su familia
como de ella, el rechazo y la exclusión que sospechaba le harían.
Estos pensamientos la habrían hecho
dudar si acompañar a su padre o no, pero finalmente decide ir de igual forma
por una cuestión de obligación hacia él, y para no sentirse tan sola decide
llevar al niño consigo, de lo que se arrepiente más tarde.
Ya dentro del velorio se sienta
aislada con su hijo y observa su entorno; se sentía un aire pesado, la casa era
oscura y lúgubre casi no había rastro de vida. De vez en cuando observaba al
niño con una actitud maternal después de todo solo era un niño pequeño algo
como esto no era lugar para él.
Como conclusión podemos destacar
las características de narración de cada uno.
La visión del niño era una más
inocente, un tanto más subjetiva que la de su madre, sin mucho conocimiento del
mundo, como de la vida y la muerte.
Mientras que Isabel tenía una visión
más sabia y más reflexiva que nos hacía comprender el trasfondo de la situación
como pudimos apreciar en la parte donde el coronel colocaba los objetos de
valor del médico en el ataúd. Y mientras el niño por su parte no sabía el porqué,
su madre sabía que estaban en el baúl del doctor que le pertenecían y que cada
uno de los objetos simbolizaba la forma de vida que tuvo el medico a lo largo
de los años, solitario, sin mucha compañía y sin ningún interés por las cosas
del mundo.
hermoso, inspirador como también conmovedor.
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